Carta del R. P. Julián con motivo de la Navidad 2020

Luis Acosta

Dic 29, 2020

QUERIDOS HERMANOS:

El pesebre es algo muy sencillo que todos los niños entienden. A veces está compuesto de muchas figuras distintas, de diferente grandeza y talla: pero lo esencial es que de algún modo todos tienden y miran hacia el mismo punto, la cabaña donde María y José, esperan el nacimiento de Jesús y lo adoran en los primeros momentos después de su nacimiento.

Como el pesebre, todo el misterio de la Navidad, del nacimiento de Jesús en Belén, es muy sencillo, y por eso está acompañado por la pobreza y la alegría.

El misterio de la Navidad es ciertamente un misterio de pobreza y de empobrecimiento: Cristo, que era rico, se hizo pobre por nosotros, para hacerse semejante a nosotros, por amor nuestro y sobre todo por amor a los más pobres.

Aquí todo es pobre, sencillo y humilde, y por eso no es difícil comprenderlo para quien tiene el ojo de la fe. ¿Es posible hablar del Dios de la vida en medio de esta pandemia que se sigue expandiendo en nuestro mundo? No sólo es posible, debemos tener ojos para ver y agradecer como Jesús sale a nuestro encuentro en esta compleja situación. Es triste lo que está pasando mundialmente, pero muestras de lo divino podemos encontrar a través de todas las personas que nos rodean y trabajan por nosotros.

Dios está en todas estas realidades y creo que como nunca se nos abrieron los ojos para ver como él nos visita mediante personas y contextos que no nos esperábamos.

La sencillez de la fe ilumina toda la vida y nos hace aceptar con docilidad las grandes cosas de Dios. La fe nace del amor, es la nueva capacidad de mirar que tenemos porque nos sentimos muy queridos por Dios.

Un nuevo paradigma se nos abre con el nacimiento de Jesús y ¿qué podemos aprender de todo esto? Aquí está nuestro desafío, esperemos que luego de que pase esta crisis seamos capaces de dar prioridad a los vínculos, a la dignidad y a la empatía que no tiene fronteras, ni razas.

Tenemos la oportunidad de que caigan las máscaras y que seamos más cristianos, para podernos reconocer en relaciones dignas y empáticas. Así mismo, que nuestra vida sea parte de la belleza del Misterio de la Encarnación y de la Pascua que abraza el sufrimiento humano y que lo dignifica con su Resurrección.

Dios está con nosotros sufriendo, llorando, cuidando, investigando, trabajando y dándonos esperanza. La fe, es seguir aun cuando la noche está oscura, pero sabemos que el Dios de la Vida, el Dios de la navidad no nos abandona.

El fruto de todo esto está en la palabra del evangelista Juan en su primera carta, cuando describe la experiencia de María y de José en el pesebre: «Lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, pues la Vida se manifestó». Y todo esto sucedió para que nuestro gozo sea completo. Así es, todo es para nuestro gozo, para un gozo pleno (cf. 1Jn 1, 1-3). Este gozo no era sólo de los contemporáneos de Jesús, sino que también es nuestro: hoy también este Verbo de la vida se hace visible y tangible en nuestra vida diaria, en el prójimo al que amar,  si algo ha saltado al primer plano en estos meses ha sido la realidad del amor, este confinamiento nos ha permitido valorar los vínculos afectivos, gestos como los abrazos, hemos puesto de manifiesto cuanto queremos a la gente que queremos, en el camino de la Cruz, en la oración y en la Eucaristía, especialmente en la Eucaristía de Navidad que nos llena de gozo.

Pobreza, sencillez, alegría: son palabras sencillísimas, elementales, pero tenemos miedo de ellas y sentimos casi vergüenza. Nos parece que la alegría completa no está bien porque siempre hay muchas cosas de las que hay que preocuparse, hay muchas situaciones desacertadas, injustas. ¿Cómo podemos gozar de verdadera alegría ante todo esto? Pero tampoco la sencillez está bien, porque hay muchas cosas de las que desconfiar, cosas complicadas, difíciles de entender, los enigmas de la vida son mucho.

¿Cómo podemos gozar del don de la sencillez ante todo esto? ¿Y, acaso no es la pobreza una condición que hay que combatir y extirpar de la tierra? Pero alegría profunda no quiere decir no compartir el dolor frente a la injusticia, frente al hambre del mundo, ante los muchos sufrimientos de las personas. Mis hermanos simplemente tenemos que aprender a confiar en Dios, saber que Dios sabe todo esto, que se preocupa por nosotros y que suscitará en nosotros y en los demás esos dones que la historia requiere. Y así nace el espíritu de pobreza: confiando plenamente en Dios. En Él podemos gozar de la alegría plena, porque hemos tocado el Verbo de la vida que cura toda enfermedad, pobreza, injusticia, muerte.

Hermanos, todas las promesas vinculadas al amor, a la paz, a la sabiduría y a la esperanza se cumplen en Jesús.

A veces buscamos señales complicadas, y está bien. Pero puede bastar poco para creer si el corazón está disponible y si se escucha al Espíritu que infunde confianza y alegría en el creer, sentimiento de satisfacción y de plenitud. Si somos tan sencillos y disponibles a la gracia, entramos en el número de aquellos a los que les es dado proclamar esas verdades esenciales que iluminan la existencia y nos permiten tocar con la mano el misterio manifestado por el Verbo encarnado. Experimentamos que también la alegría perfecta es posible en este mundo, a pesar de los sufrimientos y dolores de todos los días.

Queridos hermanos, para estar más cerca del Dios que se nos manifiesta en esta navidad, es necesario recorrer los caminos del Evangelio, estar atentos, mirar con los ojos de Dios, a todos los que nos rodean, acercarnos y acogerlos, nuestros pesebres nos hablan de ese gran misterio y si lo observamos con esos ojos contemplativos, nos daremos cuenta que el amor es también Navidad.

Pido a ese Jesús recién Nacido que bendiga a cada uno de ustedes, rezo por los niños, por los abuelos, los matrimonios, las familias, por todos ustedes que comparte y hacen vida en nuestra comunidad parroquial, que nuestra madre María los acompañe e ilumine sus vidas, los cubra con su manto maternal.

Un fuerte abrazo a cada uno de Ustedes.

FELIZ NAVIDAD Y QUE ESTE NUEVO AÑO SEA BENDECIDO POR EL DIOS DE LA VIDA

R. P. Julián Acevedo.

Párroco

Iglesia del Santísimo Sacramento Santiago de Chile

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